Por Antonio Humberto Díaz Cid Romero / Coordinador de la licenciatura en Turismo Internacional de la Anáhuac Puebla
Más allá del desempeño de la Selección Mexicana, a unos días de que concluya el Mundial deja una pregunta: ¿qué tan preparados estábamos para convertir este evento en una oportunidad…?
Esta justa mundialista, en la que tres países fueron anfitriones, pero solo nos dejó el 12.5% del total de los partidos, es decir 13 juegos. Definitivamente no fue una distribución equitativa entre los tres anfitriones, pero volvamos a la pregunta inicial, ¿Realmente estábamos preparados? Aún con el sabor agridulce del último partido de México, podemos analizar los resultados del mundial desde la perspectiva del turismo y la economía. Sin duda, ser uno de los países sede representa un escaparate internacional.
Durante varias semanas, México apareció ante los ojos del mundo no solo como un país futbolero, sino como un referente de cultura, gastronomía, hospitalidad y una singular calidez humana. Todo lo anterior quedó confirmado, derivado de múltiples visitantes que narraron su experiencia antes, durante y después de cada partido. Pero dejemos el romanticismo de los partidos y veamos los numeritos.
Con mucha o poca preparación, tuvimos una oportunidad para generar una derrama económica y una publicidad puntual. A nivel nacional se habló de una derrama de miles de millones de pesos, principalmente relacionada con el turismo, alimentos, bebidas, transporte y entretenimiento.
Sin embargo, de acuerdo con la opinión de los empresarios de dichos sectores, el panorama se vuelve más complejo y muchos de ellos indica que los resultados no fueron los esperados.
De acuerdo con información comentada en la “Estrategia del Día-México”, de Bloomberg, el Consejo Nacional Empresarial Turístico, México recibió aproximadamente 175,000 turistas internacionales adicionales. Por otro lado, Moody’s calculó 800,000 visitantes adicionales y Deloitte 836,000. En cualquier caso, son cifras inferiores a los 5,000,000 que pronosticó el gobierno.
En cuanto a la ocupación hotelera, la tendencia es menos alentadora: en junio, la Ciudad de México se registró una ocupación 2% inferior a la del mismo mes en 2025, en Guadalajara fue 7% inferior y en Monterrey casi un 6% menos. De acuerdo con datos de CANIRAC (Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados) el 60% de los restaurantes calificó su desempeño como menor o por debajo de lo esperado en comparación con el mismo periodo del año anterior. El 70% de los establecimientos no registró un incremento general en ventas. El Mundial si generó consumo, pero no necesariamente se tradujo en ganancias generalizadas para toda la industria.
Lo que nos deja pensando que la estrategia quedó a la deriva, únicamente se promocionó el mundial, la inauguración y no en lo que verdaderamente somos campeones mundiales, como la gastronomía, los pueblos mágicos, la cultura, museos, biodiversidad, por nombrar algunas cosas, que en ocasiones ni los propios mexicanos sabemos.
Los negocios que mejor aprovecharon el ambiente mundialista fueron aquellos que estaban preparados para recibir aficionados. En esos casos, los incrementos más notorios se dieron durante los partidos de México, con aumentos aproximados de 15% a 30%, comparado con otros eventos deportivos. No es casualidad: estos establecimientos ofrecían transmisión de partidos, promociones en alimentos y bebidas.
Podríamos decir que es obvio que el gasto durante los partidos se los llevasen los lugares que tienen la infraestructura para disfrutar el juego, pero al terminar el mismo nos deberíamos preguntar ¿Por qué los visitantes no quisieron ir a un restaurante? ¿Por qué no visitaron museos o se quedaron a pernoctar?
Y es que no todos los restaurantes tienen el perfil deportivo o bien no podían transformase sólo para el mundial. Muchos establecimientos familiares, de comida tradicional, no sintieron el mismo beneficio. La CANIRAC reportó que 55% de los restaurantes tuvo una ocupación menor al 50%, y que otro 55% registró reservaciones por debajo de las del año pasado. Tomemos en cuenta lo narrado por algunos restauranteros, que mencionaron que aún con las áreas para aficionados desbordadas, sus locales permanecieron casi vacíos. Ni aficionados ni turistas.
La ganancia fue poca y mal distribuida, incluso las empresas de refresco que promocionaron el mundial, acaban de indicar que no llegaron a su meta prevista durante la justa mundialista, ósea que llenamos las calles, pero no compramos nada, llenamos los estadios, pero no pernoctamos en los destinos o no visitamos ni un museo. ¿Podemos culpar a alguien?
El 65% de los restaurantes no detectó presencia de turistas. Y entre quienes sí la identificaron, representaron menos del 10% de sus clientes. Esto demuestra que, aunque el Mundial atrajo visitantes y generó conversación turística, la derrama económica no llegó de manera uniforme a todos los negocios.
Es en estos momentos donde se nota la ausencia de una promoción turística asertiva, decirle al mundo que somos más que futbol, antojar a la gente de los servicios, alimentos, bebidas y productos con los que contamos.
Para el caso del empleo temporal, algo a lo que el sector está muy acostumbrado, las expectativas superaron a los resultados. Se contaba con una estimación inicial cercana a 39 mil empleos, pero la CANIRAC declaró alrededor de 15 mil empleos temporales. El 70% de los establecimientos no reforzó su plantilla de personal, lo que refleja que muchos empresarios actuaron con cautela ante una demanda más baja de lo previsto.
Eso nos deja una reflexión, los establecimientos no recibieron reservaciones, lo que mostraba que la gente tan solo estaba centrada en el deporte, fue como decirles, ¡Vengan, vean el partido y pueden irse a otro destino! Ya entrando en nuestra cancha, la Ciudad de Puebla, aunque no fue sede oficial de partidos mundialistas, si tuvo un impacto indirecto. Se reportaron más de 603 mil visitantes, pero tomemos en cuenta que el aumento de turistas contra el mismo periodo del año pasado fue del 4.3%; y hubo una derrama restaurantera aproximada de 600 millones de pesos durante el periodo mundialista, que superó en 30% a lo obtenido durante el mundial de Qatar en 2022, seguramente la industria de los alimentos y bebidas esperaban algo mayor, derivado de estar en una de las sedes y de horarios más cómodos a los comensales.
Si bien Puebla logró beneficiarse como destino complementario, por su cercanía con la Ciudad de México, estuvimos lejanos a lo que se había planificado. Algo faltó pues Puebla es famosa por su oferta gastronómica, cultural, patrimonial y su conectividad carretera.
Hasta ahora, el Mundial ha demostrado que los grandes eventos deportivos no generan beneficios automáticos. Para aprovecharlos mejor, se requiere planeación, promoción, coordinación entre autoridades y empresarios, así como productos pensados específicamente para el visitante deportivo. No basta con esperar que el turista llegue; hay que darle motivos para quedarse, consumir y regresar.
El reto hacia adelante es convertir esta experiencia en aprendizaje. Si México y Puebla quieren consolidarse como destinos de turismo deportivo, deben trabajar no solo en atraer eventos, sino en prepararse para aprovecharlos mejor. El mundo ya fue testigo de la hospitalidad y calidez de los mexicanos; ahora toca transformar esa visibilidad en beneficios más amplios, más medibles y mejor distribuidos.
Consideremos que sería más relevante medir el éxito de un evento no únicamente en estadios llenos, alegría desbordada en la calle o historias compartidas en redes sociales, sino en cuántas empresas locales lograron crecer y en especial cuántos visitantes encontraron razones para volver.
Tuvimos el mundial en nuestra casa, pero la estrategia y promoción brillo por su ausencia, los números lo demuestran, porcentajes muy pobres tanto en pernoctación como derrama económica, solo pensemos en que tuvimos el evento deportivo más importante a nivel planeta, algo anunciado y esperado desde hace más de 4 años. Una promoción gratuita que el mismo evento genera, pero navegamos a la deriva, y la corriente nos llevó a una isla desierta.
Podríamos citar al “Perro Bermúdez” la tuvimos, era nuestra y la dejamos ir.



